Introducción

                                Cuando era joven escribía - a modo de diario personal - "mis cosas".  Eran ideas, pensamientos, proyectos, observaciones críticas, bosquejos de cuentos, relatos, etc. De alguna manera,  diferentes modos de "sueñitos" que nunca me atreví a ponerlos en palabras para compartirlos. Por cierto, tampoco existía, por aquel entonces, la idea de editarlos algún día.                                                                        Hoy, ya pasados unos cuantos años, he publicado otras cosas: pero nada de "aquellas".                                                                                        Pero hoy,  mirándolo bien, tienen mucho en común y hasta comparten similares inquietudes y curiosidades  con las actuales. No tan sólo, la no siempre bien llevada y reconocida, "vanidad,  es lo que me motiva a mostrar-me e integrarlas, también, creo, que tiene que ver con un reencuentro intimo de varias de mis edades y, por consiguiente, con mis diferentes "yoes", que fueron y son - no tengo dudas - construcciones de "mis unos y mis otros". A ambos siento la necesidad de agradecerles. ¿Y por qué no?, hacerlo público. Como  se sabe, desde que nacemos y durante los primeros siete, ocho o nueve meses de vida (esto es variable),  no experimentamos una diferenciación  entre  uno - que vendría a ser un YO -  y  un OTRO. Tampoco nos es posible, ahora,  tener un registro consciente de cuándo ocurrió ese inicio de vínculo y de interacción humana. Desde qué momento “el otro” se nos apareció para acompañarnos y hacer posible el resto de nuestra existencia.                     Con ese “otro” que primordialmente fue nuestra madre, luego nuestro padre y el entorno familiar, progresivamente, a modo de avance de una planta rizomática, fuimos ampliando, invadiendo y extendiendo nuevos territorios. Y nos hicimos y crecimos  juntos. Esos otros, a veces con el rostro de una maestra, de un cura, de una novia, de un amigo, de un patrón, de un  ídolo deportista, de un admirado artista, de un docente, de un policía o de un ladrón, todos, de diferentes maneras, se mostraron y  nos hablaron.                                                              

         



Y también hay otros  “otros”,  a veces  generalizado,  que se nos muestra sin cara visible, y son muchos.  Son actitudes, comportamientos, normas y son valores y formas de hacer y ser. Y también  es un peatón y es alguien que conduce un auto y es un vecino y un empleado de una fábrica. No los vemos, pero sabemos que están.                                                 

El “otro”, en ocasiones, sin perfil humano,  es una cosa.  Un edificio,  un garabato, una palabra, un  grafiti. También es una imagen, una melodía, un sonido de radio, el ruido de un disparo, el espanto de una noticia, la invisibilidad de una desaparición, el terror de un presagio.                                El “otro”, a veces,  también es una ausencia. Un muerto.                          

Ella, él,  ellos, todos, nos accedieron. Algunos,  los más significativos nos confirmaron. Otros nos ordenaron y desordenaron. No pocas veces, algunos  nos ignoraron.  Pero lo inevitable, lo fatalmente irrevocable, para bien o para mal, es que todos se quedaron en nuestro Yo. Ese Yo que, involucrado, confundido y enredado,  en ocasiones no sabe o no puede discriminar  si es él  o es “el otro”. La serie de relatos, observaciones, fotos, videos, algunos a modo de complemento informativo,  otros como  escritos con pretensiones literarias que conforman este espacio, hablarán de ambos: de misunosymisotros. Y ambos – despegándose- conversarán entre ellos.


Jorge Strada


Fragmento de su libro 

                                                 "MISUNOSYMISOTROS"  Ed. Utopía

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